RESTAURACIÓN DE RELOJES ANTIGUOS
OJO DE BUEY MOREZ
Esta última semana ha llegado a mis manos desde la Villa francesa de "La grand-Combe" este pequeño y centenario contador de tiempo, un reloj de pared del tipo "Ojo de Buey" y maquinaria Morez que precisaba del paso por la "enfermería" para que su oxidado corazón de acero comenzara de nuevo a latír y a marcar el tiempo durante al menos otros cien años más.
Este tipo de relojes suele montar 2 maquinarias diferentes, la "Morez" y la "Paris". Ésta en concreto lleva un corazón Morez, denominada así por el lugar de su procedencia, la región francesa del mismo nombre próxima a Suiza y con antigua tradición relojera. Esta maquinaria se caracteriza por su robustez de construcción, su practicamente indestructibilidad y su acreditada fiabilidad. Se trata de maquinarias voluminosas comparadas con las París, lo que facilita enormemente su restauración, limpieza y reparación.
La caja de madera maciza con incrustaciones de nacar, presentaba la tipica suciedad del paso del tiempo, algunos "desconchados" a consecuencia de roces y golpes, así como la presencia algunos los díminutos agujeros característicos de las polillas de la madera.
Con relación a la caja, fue desmontada entera cristal, cierre y bisagras incluidas y a continuación sometido durante 24 horas a los efectos curativos de los -18 grados centígrados de mi arcón congelador, esto garantiza la eliminación total de polillas y demás habitántes de la madera, así como de su prole. Tras esta cura, fue sometido a un tratamiento con Xilamón, protector de la madera y que garantiza que en el futuro no habrá más intrusiones de insectos xylófagos, carcomas y polillas y actúa contra los efectos de la humedad. Se taparon los diminutos orificios, se retocaron las partes de nácar defectuosas y procedí a su montaje.
A continuación le tocó el turno a la maquinaria, comprobé los centros de los engranajes, sus posibles desgastes y procedí a desmontarla por completo resortes incluidos. Con posterioridad y tras proceder a su limpieza mecánica con lana de acero extrafina fue sometida a la acción del limpiador de ultrasonidos que la dejó como los "chorros del oro". Ambos resortes, el de tiempo y el de sonido, presentaban la rotura típica de las cabezas de anclaje de los resortes motivo por el que había dejado de funcionar, así como una suciedad excesiva y bloqueante, a mi entender por haber usado algún tipo de "spray" engrasante poco adecuado que al resecar se había convertido en una especie de pegamento letal para estas máquinas.
Reparadas las cabezas de los resortes y con las piezas ya impecables procedí a us montaje y a su posterior engrase, con aceite especial para relojería gruesa y resortes.
Una vez repasadas las placas de la estructura, eliminado el óxido y su repitando, la maquinaria quedó como si terminara de salir de la fábrica 150 años atrás. Para rematar se limpió el el anillo de latón que rodea la esfera y se le dío un barniz especial antióxido. Procedí a su montaje y reloj nuevo.
Se trata de un reloj de caja cuadrada, que proporciona las horas y las medias y como todos los que tienen máquina Morez repite la hora dos veces, a en punto y a y dos minutos. Hemos retocado con fieltro el martillo para reducir su sonoridad y hemos decidido dejarlo en nuestra colección. Mi hija Cristina, que bautiza a todos nuestros relojes, ha decidido que se llame "Totoro" porque es regordito y tiene las formas muy redondeadas. Puede parecer una tontería pero se puede llegar a sentir cierto "cariño" por unas máquinas que siempre están ahí para recordarnos el tiempo y lo que hacemos con él y más si hemos tenido la oportunidad y el privilegio de devolverles la "vida" después de un largo tiempo en el limbo.





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